Ben Sims

Desde que creó su sello Theory Recordings hacia finales de 1997, el Dj y productor londinense Ben Sims no ha parado de responder a la llamada de la selva en la que se convierte la pista de baile cuando él está en cabina. Sólo un animal de los platos como Ben Sims es capaz de romper la máxima que dice que el buen productor es más bien limitado cuando se pone a las mezclas o viceversa. Su técnica es exquisita -empezó a interesarse por el hip hop con tan solo diez años- y sus producciones gozan de pensión completa en las maletas de los Dj’s más famosos del planeta techno. Ese triunvirato mágico que forman textura, ritmo y groove no tiene secretos para el británico que, como tantos otros, cuenta con background en emisoras de radio piratas. De ahí a las cabinas de algunos pequeños clubs que empiezan a confiar en el house y el hip hop -muchos de sus seguidores pagarían por un audio de algunos de esos sets seminales- hasta que el caché de Sims empieza a criar ceros después de ser contratado por la agencia berlinesa Dy-Na-Mix. Con el fichaje le llueven las ofertas para residir clubs tales como The Orbit, Voodoo y House of God. Es entonces cuando Ben Sims empieza a escorarse hacia el techno pero sin olvidar sus raíces funk. De hecho, sus primeras producciones son deudoras de una combinación entre Chicago Funk y tribal house (algo oscurillo). Se convierte en una de las caras de lo que algunos llaman Techno tribal. Tal vez Manipulated -y la remezcla que de él realizo el sueco Adam Beyer– sea su track más conocido por el gran público. En algunas entrevistas Sims ha descrito su producción musical como una continuación natural de sus intereses juveniles. También reconoce que lo que más le gusta es pinchar, muy por encima de la producción -siempre aduce que el suyo es un ejercicio en solitario- aunque después esa actividad puramente onanista luzca en diferentes sellos, Primate, Primevil, Code Red, Tresor, Phont Music y Pure Plastic, y acabe en manos de Jeff Mills o Carl Cox.

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