Dos jóvenes españolas, entre los 19 muertos en la avalancha de la Loveparade
 
Las dos víctimas mortales eran estudiantes.- También hay un holandés, un chino, un australiano y un italiano entre los fallecidos en Duisburgo
 

Túnel en el que quedaron atrapados cientos de jóvenes que querían acceder al recinto en el que se celebraba la Loveparade.– AFP

 

 

Dos españolas han muerto en Duisburgo, según ha confirmado el Ministerio de Exteriores, en la avalancha humana ocurrida en la fiesta tecno Loveparade que se celebraba este año en la ciudad alemana y que dejó ayer 19 víctimas mortales.

Se trata de dos jóvenes, ambas menores de 23 años, que estudiaban en Alemania y cuyas familias ya han sido informadas y están viajando a ese país para identificar los cadáveres y realizar los trámites de repatriación de los cuerpos, según ha confirmado Exteriores, informa Manuel Altozano.

El cónsul español en Düsseldorf, Manuel Viturro de la Torre, se ha desplazado a Duisburgo para atender a las familias. El consulado español ha asistido a 15 españoles que estaban en la Loveparade, en busca de ayuda para regresar a España lo más rápidamente posible.

Entre los extranjeros fallecidos hay también un holandés, un australiano, un italiano y un chino, ha informado el jefe de la policía de Duisburgo, Detlef von Schmilling. Otros cuatro estudiantes españoles resultaron heridos pero ya han sido dados de alta, según han confirmado fuentes diplomáticas a la cadena SER. En total, 18 de los 19 fallecidos han sido identificados.

El pánico comenzó ayer en el túnel de acceso al recinto del festival, que había congregado a cientos de miles de personas. Por la tarde, la policía prohibió la entrada de nuevos visitantes a la antigua estación de mercancías donde se celebraba. Cientos de personas, enfadadas por quedarse fuera, trataron de colarse saltando vallas o buscando entradas laterales. El túnel de la tragedia se convirtió en un embudo por el que muchos creían poder entrar a la fiesta y otros trataban de alejarse del recinto siguiendo las instrucciones de la policía.

Según varios testigos, el subterráneo estuvo abarrotado durante más de una hora. La falta de aire y el sofoco provocaron decenas de desmayos. Hacia las cinco de la tarde, se desató el pánico. El director del gabinete de crisis de Duisburgo, Wolfgang Rabe, aseguró anoche en la televisión pública ARD que el pánico se originó cerca de una entrada del paso. Según esta versión, varias personas cayeron al vacío cuando intentaban colarse en la fiesta escalando las vallas. La policía decía, también anoche, que estos jóvenes se cayeron de una escalera de emergencia con la que trataban de colarse. Su caída desde ocho o 10 metros de altura habría provocado el pánico y la estampida de los que se hacinaban en el túnel. La televisión pública WDR recogía también declaraciones de testigos que acusaban a la policía de negligencia.

Mientras la tragedia se consumaba en el túnel, la fiesta continuaba en el recinto. Los organizadores optaron por no informar a los asistentes para evitar nuevos incidentes o brotes de histeria masiva. Muchos en la Loveparade, expresión máxima (en número de visitantes) de la cultura rave de los noventa, consumen drogas ilegales y beben cuantioso alcohol.

Un gabinete de crisis de la ciudad de Duisburgo decidió "por razones de seguridad" no suspender el evento tras el desastre, según declaró el portavoz del Ayuntamiento, Frank Kopatschek. Los teléfonos móviles y el boca a boca extendieron la noticia. Poco a poco, los visitantes fueron abandonando el recinto por las salidas de emergencia, pero a las ocho de la tarde seguía sonando la música tecno.

El recinto donde se celebró la funesta Loveparade de 2010 era demasiado pequeño para el enorme número de aficionados que suelen acudir a la llamada del tecno veraniego. La frustración de quedarse fuera de la fiesta, combinada con el alcohol y las drogas, contribuyó sin duda a la tensión que culminó en la tragedia. Según una reportera de WDR, los servicios de emergencia se vieron inmediatamente superados por la situación. Había en la Loveparade 1.200 policías: uno por cada mil fiesteros, según algunas estimaciones.

 

Luto en Alemania

"Las dos eran superalegres, tenían una vitalidad incansable"

Las estudiantes de Erasmus Clara Zapater y Marta Acosta, fallecidas en la avalancha de Duisburgo, fueron arrolladas por la multitud tras quedar rezagadas de su grupo de amigos.- Tenían previsto regresar esta semana a España tras un año en Münster

 

Clara Zapater y Marta Acosta

25-07-2010

Clara Zapater (izquierda) y Marta Acosta (derecha), en una imagen facilitada a EL PAÍS por sus amigos.

 
Era su última fiesta antes de volver a España. La despedida de su beca Erasmus, todo un año de libros y juergas que, sin embargo, no tuvo un final feliz. Las españolas Clara Zapater, estudiante de Psicología en la Universidad Autónoma de Barcelona (22 años y natural de Tarragona), y Marta Acosta (21 años, Cambrils), de Traducción e Interpretación en la Rovira i Virgili de Tarragona, están entre las 19 víctimas de la avalancha humana que se produjo en el festival tecno Loveparade en Duisburgo (Alemania) el sábado. Ambas acababan de terminar su estancia de un curso académico en la Universidad de Münster, a unos 100 kilómetros del lugar de la tragedia. Tenían prevista su vuelta a casa esta semana.
 

Clara y Marta viajaron a Duisburgo en tren acompañadas de una treintena de estudiantes Erasmus españoles. Tras llegar a la estación, se dirigieron con otros amigos hacia la entrada del recinto del festival. Uno de los que iban con ellas era Daniel Rodríguez, de 22 años, de Vitoria, que recuerda cómo, enseguida, las perdió de vista. "Éramos cinco personas y de repente me quedé solo. Faltaban ellas dos y otros dos chicos", explica.

Ariadna Arroyo, también del grupo de españoles, relata que ella, acompañada de su novio, logró entrar en el festival antes de que se produjera la tragedia. "Pasamos por el túnel a las cuatro de la tarde. En ese momento no había ningún agobio", recuerda. "Nos dirigimos a la zona de baile y al rato llegaron otros cinco que habíamos dejado atrás, pero Clara y Marta, no", añade. "Y sus móviles no respondían".

Se encontraban en medio de la marea humana que, según Daniel, se produjo cuando la gente que estaba intentando entrar al festival por el túnel empezó a darse la vuelta con la intención de salir. "Teníamos que recorrer unos 500 metros hasta la entrada, pero se juntó tanta gente tratando de andar en sentido opuesto, que algunos intentaron escapar por una escalera de emergencia en la que solo cabía una persona. Los de seguridad pedían calma, pero la gente ya estaba aglomerada. Fue allí donde se produjeron las muertes", concluye Daniel, que logró alejarse huyendo en dirección contraria.

Ariadna asegura que, en medio de la confusión, Clara y Marta cayeron al suelo empujadas por la masa, que pasó por encima de ellas. Lisseli Santos, una peruana de 22 años que también iba en el grupo, relata que perdieron el bolso, por lo que estaban incomunicadas -sin teléfono móvil- y sin documentación. "De repente las perdimos de vista. Pasamos un pánico tremendo. Era imposible encontrar a nadie", prosigue.

Cuando se despejó la zona, Marta fue hallada bajo el túnel, inconsciente. Los médicos, según Ariadna y Daniel, trataron de reanimarla durante media hora en el hospital de campaña que se instaló en el lugar del siniestro. "Cuando la estabilizaron se la llevaron en una ambulancia al hospital, donde murió", cuenta Daniel. De Clara, sin embargo, ninguno de los estudiantes supo nada hasta un día después de la tragedia. El cónsul español en Düsseldorf, Manuel Viturro de la Torre -que se encargó de asistir a los afectados-, les comunicó su muerte a primera hora de la tarde de ayer.

Los compañeros, que aún se encuentran conmocionados y reciben atención psicológica, recuerdan a Clara como una persona "muy abierta y simpática". "Tenía una personalidad muy fuerte. Es de las personas más alegres que he conocido. Siempre tenía la sonrisa en la boca y una vitalidad incansable", explica su amigo Daniel.

Marta, según otra de sus compañeras, Yolanda Piedra, era una chica "divertidísima que hablaba muy bien inglés y alemán". "Era amiga de todos, nunca tuvo un problema con nadie", señala, por su parte, Ariadna. "Le gustaba leer, las compras y salir de copas con nosotras. Nunca se perdía las barbacoas que organizábamos", prosigue.

Viturro, el cónsul, se encargó ayer de enviar de regreso a Münster en taxi a todos los estudiantes españoles que quedaban en Duisburgo. La oficina Erasmus de la universidad los reunió ayer por la tarde en el campus para tratar de consolarlos. Después, todos se fueron a cenar algo a un McDonald’s. Juntos, como a lo largo del año que han pasado en Alemania. Pero en esta ocasión no estaban todos. Faltaban dos.

 
 

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