ESPECIAL: Over-Drive: La historia continúa… :: Clubbingspain.com.

En 1994 yo trabajaba en sintonía con Luis Calderón, por entonces director de La Sala del Cel de Girona, siempre colaborábamos intercambiándonos los Djs con Overdrive en unas fiestas donde entonces, por cierto, los dueños de la sala me daban carta blanca para hacer lo que quisiera. En uno de esos intercambios traje una vez a Álex Martín cuando nadie sabía lo que era un directo. La gente como no tenía localizado al Dj pues se quedaba parado porque le faltaban referencias y con cara de decir: “¿Y la música de donde sale?”, comenta con celo mi interlocutor. Nos encontramos en Utopicus, un vivero de artistas que trabajan de manera independiente pero con el ojo puesto en lo que hace el vecino. Allí nos citamos con uno de los promotores más veteranos de la escena de Madrid al que nos dirigiremos como Ricky O/D (las iniciales del apellido se las debe a una de sus “criaturas” más queridas, las fiestas Overdrive de la que tendrás una nueva edición el próximo 26 de noviembre en la sala Multiusos Groove con Abel Ramos, Pelacha, Master Bon-Z, Wavesound y Willy en cabina). Ricky tiene ganas de hablar de su posición como uno de los pocos promotores “puros” que quedan en la capital. Y por “puros” nos referimos a los que arriesgan algo más que su propio dinero: “Hay poca gente que esté especializada en montar eventos. Igual Pedro Serrano de las fiestas Goa tendría un perfil parecido al mío. De mi época no queda casi nadie”. Ricky las ha visto de todos los colores en estos últimos años en los que la cultura de clubs ha subido hasta la punta de lanza de una montaña rusa que ahora parece estar a punto de escupir a muchos de sus pasajeros: “Cuando estás promocionando algo que no es conocido por el público se te considera el underground y el luchador. Cuando todo eso que has apoyado empieza a funcionar ya se te tacha de ostentar el poder y ya tu trabajo empieza a ser criticado. Entonces es cuando aparecen los empresarios con pasta que ven que lo tuyo funciona y es cuando deciden recoger lo que tú has sembrado… A veces es un poco frustrante… Tu vas sembrando pero la cosecha al final la acaban disfrutando otros”.

Las bambalinas del techno

Ricky es muy conocido en el sector después de montar fiestas con tirón technoide como las fiestas que tenían lugar en New World o Kea con las que Madrid se quitaba las legañas en materia techno. Hace la friolera de dos décadas que empezó en esto de mover eventos en el periodo bisagra que va de la década de los 80 a los 90 en una discoteca que se llamaba Four Roses que estaba ubicado en la carretera de La Coruña. De ahí pasó a Friends Club allá por el año 1990 que fue cuando le dieron la oportunidad de dirigir artísticamente el local en horario de tarde. A los amigos que iban a pasar unos días a Holanda les pedía revistas y flyers de fiestas de la tierra de los tulipanes (“siempre nos han llevado mucha ventaja en esto de montar eventos de techno”) para poder vislumbrar como serían sus fiestas en un futuro. Eran tiempos en los que empezaban a despuntar los que hoy son héroes de las cabinas en una capital que empezaba a sacudirse el sambenito de la Movida Madrileña a ritmo de beat: “Cristian Varela, Óscar Mulero, Pelacha…. Todos ellos han ido creciendo más o menos a la vez y ahora sus nombres son reconocidos como artistas consagrados que son. Yo en cambio he trabajado desde detrás de las bambalinas. Mi visión es más la de un productor u organizador de eventos. El promotor como la figura que arriesga su dinero y pone a disposición de su proyecto todo el tiempo que sea necesario”. Tal vez la aventura más arriesgada tuvo lugar a principios de la década pasada a las afueras de Madrid: “Yo sin ir más lejos perdí 45 millones de las antiguas pesetas con un festival llamado Evantec que organicé en San Martín de Valdeiglesias, las autoridades me dejaron montar en el castillo del siglo XV de dicha localidad… Ese había sido uno de mis sueños. Mi idea era conectar al público con la realidad diurna del pueblo. Montar algo arriesgado y que tuviera cierta sustancia en materia cultural. La jugada me salió mal porque al público le atrajo más la idea de pasarse por el lago que hay en las inmediaciones ya en horario nocturno. Me quitaron el permiso a última hora y todo el mundo se coló. Palmé toda la pasta del mundo y pensé por primera vez desde que estoy en esto que quién me mandaba a mi meterme en esos berenjenales con lo tranquilo que me hubiera ido de informático que a fin de cuentas es mi carrera universitaria. Al año siguiente ya estaba pensando en nuevos proyectos”.

La ruta de la comunión

Pero después de tanto tiempo en la rueda de la organización de eventos, un sector muy estresante y un periodo de estancia corto entre sus trabajadores que acaban “quemándose” del “abierto las 24h”, uno no puede escapar de su destino tan fácilmente: “El pasado no es que sea siempre mejor. Es el presente de cada uno lo que es mejor. Yo por ejemplo sigo repartiendo a mano mis propios flyers. Me gusta. Lo llevo haciendo toda la vida. Para mí la fiesta comienza en ese pedazo de cartón que debe transpirar algo de alma. Por eso siempre utilizo frases con buenas vibraciones como las que he escrito para anunciar la fiesta del 26: “Un antiguo espíritu cuya alma forma parte de ti”, por ejemplo. Me gusta la idea de seguir creando comunión. Algo que si que se ha ido perdiendo con el tiempo. Lo mejor de mediados de los 90, Overdrive abrió en 1993, era el recorrido que se establecía entre los diferentes clubs y que hacían de la noche una experiencia bastante especial y en comunión con públicos de diferentes locales. Te ibas a Overdrive, al Nau, al Epsilon, al The Omen… Siempre veías a las mismas personas”. Eso tan bonito de la comunión empieza a fomentarse en uno mismo, por eso Ricky ha intentado no dinamitar la escena con estrategias que hoy parecen el pan de cada día: “Nunca he querido exclusivas. Cuando a principios de los 90 nadie de aquí en Madrid sabía cómo contactar con un artista extranjero, yo ya había traído a varios de ellos a pinchar en varios eventos de la capital. Si yo hubiera cerrado exclusivas, ahora mismo muchos Djs internacionales no podrían pinchar en Madrid si no pasara antes por mí”. Así que como el terreno de los Djs internacionales se ha puesto tan complicado como un camino repleto de bombas lo mejor siempre es pensar en los futuros nombres que poblarán esos flyers que quien sabe si de aquí otros veinte años más serán repartidos por algún vástago del propio Ricky: “Siempre he intentado que en mis eventos hubiera diferentes zonas para poder dar cabida a artistas consagrados y a otros más nóveles. Si a un chaval no se le anima dándole una oportunidad pierde la ilusión, ya no compra música y la escena en general decae. Cada uno intenta hacer la guerra por su lado. Con el tiempo y la evolución de diferentes estilos musicales según qué Djs no quieren pinchar con otros de sonidos diferentes, probablemente para que no se les compare entre ellos”. Dejando de lado el pasado, para Ricky el mejor festival ahora mismo sea “LEV Festival por su selección de artistas. Por la ilusión con la que se mueven los chicos que lo montan. Por el emplazamiento que han elegido, que tiene mucha historia y además han conseguido darle tono cultural a un entorno como ese tan señorial y suntuoso como el de la Laboral de Gijón. ¿Si yo haría algo parecido en el valle de los caídos? Pues si, claro, sería muy controvertido pero creo que antes que tirarlo abajo lo mantendría con propuestas culturales. Sobre todo por respeto a los que sufrieron su construcción”. Nos vemos en la próxima reunión.

Breve historia de Over/Drive
(extraída del grupo oficial de Over/Drive en Facebook)

El 17 de Septiembre de 1993, abre sus puertas Over Drive, donde antes estaba Nacional, en pleno Paseo de Extremadura de Madrid.

La música electrónica se abría un hueco en la capital, y la gente demandaba una sala como dios manda, algo más grande y con más potencia que el Provi, el Attica, el Aire y que ofreciera a sus fieles la esencia de la fiesta pero a mayor escala. Los nostálgicos, recordaban las no muy lejanas sesiones del new y el ambiente de aquella sala y el recogimiento de garitos más pequeños. Over drive conseguía unir a cientos de personas y seguía teniendo ese sentimiento.

La sala perfectamente acondicionada y con dos plantas. La planta de arriba en la que residía la Bestia, era una especie de chill out. Abajo estaba lo bueno: la cabina en medio de la sala y enfrente de ésta y encima del escenario, el LASER único de O/D. A los lados del escenario, dos plataformas redondas que verdaderamente te hacían botar, de suelo de chapa. La cabina estaba cubierta de rejas, otra de las peculiaridades de la sala.

Bajo la dirección de Ricky, dictaban las normas musicales de antaño y por medio de los flyers más sorprendentes de la época, te incitaban a traspasar la puerta de la muerte y a enfrentarte a la bestia cara a cara que te vigilaba sin descanso. Las fiestas por la tarde se llevaban la palma en la capital, haciendo que infinidad de público joven se deleitara con la música de moda por aquel entonces, los Over Drive, Noom Rec, Eye Q, Harthouse, Bonzai y demás sellos de la época sonaban tanto en sesiones de tarde como de noche. Toxic y Trevi cerraban el cartel de residentes en su primera etapa, más tarde pasaría a formar parte de ella Abel Ramos (otro dj puntero de la época) junto con Canito, el mítico que después pasaría a Now y como no, Tobías de Attica.

Todo esto hacía que largas colas tomaran el Paseo de Extremadura, tanto de tarde como de noche, gente con ganas de sentir la presión de la sala, el megatron, las sirenas, bocinas,o/d tron, el LASER, las duchas de hielo carbónico y demás innovaciones que Overdrive ofrecía. No te lo podían contar….había que pasarse.

Asi nace el espiritu O/D, con una vida escasa en su sala de origen, Overdrive traspasa las fronteras musicales y oferta fiestas que ya en 1997 y a cargo de Ricky O/D, eran totalmente remember: un concepto que empezó a instaurar Overdrive ya a finales de los 90. Con Djs nacionales de gran talla y una nube de fieles seguidores, O/D ha dejado su sello impreso por toda la geografía española.